Llevo años en este negocio del golf y cada año veo lo mismo: directores jactándose en reuniones de tener marzo, abril, octubre y noviembre completos. Aplausos. Palmaditas en la espalda. Felicitaciones del propietario.
Y yo me pregunto: ¿En serio estamos celebrando vender lo que se vende solo?
El espejismo de la temporada alta
Todos los operadores, todas las agencias, todos los comerciales obsesionados con lo mismo: llenar la temporada alta. Como si eso fuera un mérito. Como si vender cuando todo el mundo quiere comprar requiriera talento especial.
La realidad es que la temporada alta se ha convertido en una zona de confort peligrosa. Es fácil poner un precio, ver cómo entran las reservas y pensar que estás haciendo un gran trabajo. Pero déjame decirte algo que las estadísticas demuestran una y otra vez: llenar la temporada alta a cualquier precio es una pérdida masiva de rentabilidad.
Piénsalo: tienes ocupación garantizada, demanda superior a la oferta, y ¿qué hacemos? Vender a un precio determinado, muchas veces el mismo que llevamos años aplicando, ajustado con inflación si acaso. Mientras tanto, dejamos dinero sobre la mesa. Mucho dinero.
La verdadera inteligencia comercial está en los valles
He visto campos de golf con ocupaciones del 85% en marzo que apenas llegan al 35% en agosto. Y ahí está el problema, o mejor dicho, ahí está la oportunidad que nadie aprovecha.
Quien sea lo suficientemente inteligente como para llenar esos valles tiene la llave del éxito. No estoy hablando de tirar los precios al suelo. Hablo de estrategia real, de revenue management aplicado con datos sólidos, de entender que cada mes, cada semana, cada día tiene un valor diferente.
Algunos datos que deberían hacerte pensar:
La temporada alta es cada vez más lineal y atemporal. El modelo tradicional de «high season» está cambiando. Los golfistas británicos, alemanes y escandinavos ya no solo viajan en primavera y otoño. El mercado nacional se ha sofisticado. Las nuevas generaciones reservan diferente.
Y aún así, seguimos vendiendo con mentalidad de los años 90.
El revenue management que nadie aplica
Vamos a ser claros: la mayoría de campos de golf en España no aplican revenue management de verdad. Tienen tarifas de temporada alta y temporada baja, punto. Eso no es revenue management. Eso es tener dos precios.
El revenue management real implica:
Análisis de ocupación histórica granular: No solo saber que agosto es bajo. Saber qué semanas de agosto, qué días de la semana, qué franjas horarias. Los datos existen en tu sistema de reservas, pero nadie los mira.
Segmentación inteligente del cliente: El jugador particular de última hora no es igual que el grupo de tour operador que reserva con seis meses. No pueden pagar lo mismo. No deben jugar a la misma hora. El jugador que reserva con antelación merece un incentivo. El que reserva dos días antes debe pagar el precio premium.
Pricing dinámico real: Tus competidores directos están vendiendo hoy a X euros. Tus estadísticas te dicen que mañana sueles tener 60% de ocupación a esta altura del año. El tiempo va a ser excelente. ¿Tu precio sigue siendo el mismo que pusiste en enero cuando diseñaste la tarifa anual? Error.
Gestión activa de canales: No todos los canales tienen el mismo coste. Las reservas directas deberían ser tu prioridad. Pero veo campos que dan exactamente el mismo precio directo que a través de intermediarios que se llevan el 20% de comisión. ¿Dónde está el incentivo para que el cliente reserve contigo?
La trampa de impresionar a los superiores
Sospecho que gran parte de esta obsesión por llenar la temporada alta tiene que ver con mostrar números bonitos en presentaciones. Es más fácil decir «tenemos el 95% de ocupación en abril» que explicar una estrategia compleja de optimización de ingresos totales.
Pero hay que ser claros: una cosa es vender y otra muy distinta es despachar. Coger el teléfono cuando suena en marzo y confirmar una reserva no es vender. Es despachar. La diferencia entre ser proactivo y reactivo. Entre construir negocio y limitarse a procesar demanda.
Los propietarios e inversores inteligentes no miran solo la ocupación. Miran el RevPAR (Revenue per Available Round). Miran el margen. Miran la rentabilidad real.
Y ahí es donde se ve la diferencia entre un director comercial que vende y uno que genera rentabilidad.
Dónde está realmente la oportunidad
El mercado local en temporada baja. Ese vecino que juega todo el año y que nunca miras porque estás obsesionado con el turista británico de marzo. Ahí hay volumen, recurrencia y margen si sabes construir la propuesta correcta.
Las alianzas estratégicas bien pensadas. Los hoteles suelen buscar el golf para llenar habitaciones en su temporada baja, que curiosamente coincide con nuestra temporada alta. Pero ahí no está el valor. La oportunidad real está en identificar nichos que necesiten ocupación precisamente cuando tú la necesitas: hoteles de playa en verano, destinos de interior en invierno, segmentos MICE que buscan espacios cuando nadie más los quiere. Ahí hay sinergias reales, no las típicas «colaboraciones» de PowerPoint que nunca se ejecutan.
La venta anticipada agresiva. Octubre es el momento de vender julio del año siguiente. Con descuentos reales que muevan al cliente a comprometerse. Cash flow adelantado, ocupación asegurada, capacidad de planificación.
El segmento corporativo fuera de temporada. Las empresas tienen presupuesto y buscan valor. Un evento corporativo en un martes de agosto puede generar más margen que tres grupos de tour operador en un sábado de abril.
Flexibilidad real en precios: Si un martes de agosto a las 14:00h tienes cero reservas y estás a 48 horas vista, ¿por qué ese tee time vale lo mismo que un sábado de abril a las 10:00h? Herramientas hay. Voluntad es lo que falta.
La pregunta incómoda
Si tuvieras que elegir entre estas dos opciones, ¿cuál escogerías?
Opción A: Campo con 75% de ocupación anual, precio medio de 45€, RevPAR de 33,75€
Opción B: Campo con 68% de ocupación anual, precio medio de 52€, RevPAR de 35,36€
La segunda opción genera más ingresos con menos desgaste del campo, menos stress operativo, mejor experiencia para el cliente (menos saturación) y más margen.
Pero la mayoría elegiría la primera porque «la ocupación es más alta». Y por eso seguimos donde estamos.
Es hora de cambiar la conversación
Este sector necesita profesionales que entiendan que vender no es lo mismo que optimizar. Que llenar no es lo mismo que rentabilizar. Que la temporada alta es el postre, pero el negocio sostenible se construye gestionando bien los otros nueve meses del año.
Los datos están ahí. Las herramientas existen. El conocimiento está disponible. Lo único que falta es dejar de celebrar los éxitos fáciles y empezar a trabajar en los desafíos reales.
Porque al final, el que domina los valles, domina el negocio.





