Gestión de campos de golf y resorts

Cuando tu hija te enseña más que cualquier MBA

Este año, mi postal de Navidad favorita no viene de ningún cliente, ni de ningún campo de golf. Viene del CEIP Gloria Fuertes de Guadiaro, San Roque (Cádiz) y la ha dibujado mi hija Manuela.

Ha ganado el concurso del colegio en el que se elige la tarjeta navideña del año, la cual se entrega a todas las familias del centro. Cuando me lo dijeron, sentí algo que hacía tiempo que no sentía en lo profesional: orgullo puro, sin filtros.

Postal de navidad ganadora 2025 CP Gloria Fuerte. Manuela Gómez GilLlevo más de 20 años en esto del golf y la hotelería. He gestionado proyectos en varios países, he trabajado con grandes marcas, he diseñado estrategias de marketing que sonaban muy bien en PowerPoint. He asistido a congresos, he aprendido técnicas, he aplicado metodologías con nombres complicados.

Pero hoy, mirando estos tres Reyes Magos dibujados a lápiz, un camello que parece salido de otro tiempo y una estrella fugaz que lo ilumina todo, me doy cuenta de algo.

Manuela ha hecho en un folio lo que muchas veces nos olvidamos de hacer en nuestros negocios: contar una historia real, sin complicaciones, que conecta.

No hay artificios. No hay estrategia rebuscada. Hay una estrella que marca el camino, tres personajes que trabajan juntos hacia un objetivo común, y un camello que, aunque no sea el protagonista, hace posible que todo funcione.

¿Os suena de algo?

Lo que me enseña esta postal

Cuando te dedicas a vender destinos de golf, a gestionar resorts, a crear experiencias, a veces te pierdes en métricas, en revenue management, en tasas de ocupación. Miramos dashboards, analizamos la competencia, optimizamos conversiones. Y está bien, es necesario. Pero no es suficiente.

He visto campos de golf espectaculares fracasar porque se olvidaron de lo básico: hacer sentir algo a quien los visita. He visto estrategias brillantes en papel que no funcionaron porque faltaba autenticidad. He visto equipos muy preparados que no conectaban porque cada uno iba por su lado.

Lo que realmente queda, lo que la gente recuerda, es lo auténtico. Es sentir que hay algo especial, algo humano detrás. Esa sensación de que alguien se preocupó de verdad, de que hay una historia que merece ser contada, de que no eres un número más en una base de datos.

Mi hija no ganó por tener la mejor técnica. De hecho, seguro que había dibujos técnicamente más perfectos. Ganó porque su dibujo transmite algo genuino. Hay ilusión en cada trazo. Hay una historia que cualquiera entiende. Hay corazón.

Y eso, en un mundo donde todos los campos y hoteles parecen iguales y todos los mensajes suenan igual, vale oro.

La lección de la estrella

En la postal hay una estrella fugaz que marca el rumbo. No es la más elaborada, pero cumple su función: señalar el camino.

¿Cuántas veces nos perdemos en nuestro día a día sin saber realmente hacia dónde vamos? Tenemos planes de negocio, presupuestos, objetivos mensuales. Pero si le preguntamos a cada miembro del equipo «¿cuál es nuestra estrella?», ¿todos responderían lo mismo?

He trabajado en lugares donde la visión estaba clara y todos remaban en la misma dirección. Y he trabajado en lugares donde cada departamento tenía su propia estrella. Los resultados, obviamente, eran muy diferentes.

Manuela lo tiene claro en su dibujo: hay una estrella, y todos la siguen.

El equipo de los Reyes Magos

Melchor, Gaspar y Baltasar. Tres personajes distintos, con sus propias personalidades, pero con un objetivo común. Ninguno destaca por encima del otro. Los tres son necesarios.

En nuestros equipos pasa lo mismo. Necesitamos al que analiza datos, al que crea contenido que emociona, al que ejecuta sin excusas, al que mantiene la calma en las crisis. Necesitamos diversidad de talentos, de perspectivas, de habilidades.

Pero sobre todo, necesitamos que trabajen juntos. He visto demasiados equipos donde ventas culpa a operaciones, operaciones no entiende a marketing, y marketing va por libre. Es agotador y, sinceramente, improductivo.

Los mejores proyectos en los que he participado tenían algo en común: equipos que funcionaban como estos Reyes Magos. Diferentes, pero unidos por algo más grande que ellos mismos.

El camello que nadie menciona

Ahí está, en la postal de Manuela, el camello. No es el protagonista. No brilla. Pero sin él, los Reyes no llegan a ningún sitio.

En nuestra industria, «el camello», y nos referimos al animal, son los fundamentos: un sistema de reservas que funciona, un CRM actualizado, procesos claros de comunicación, un seguimiento impecable al cliente. Son las cosas que no generan titulares en LinkedIn pero que marcan la diferencia entre un resort exitoso y uno que simplemente sobrevive.

Demasiadas veces nos obsesionamos con la última herramienta digital, con la estrategia más sofisticada, con el influencer de moda. Y descuidamos al camello. Y cuando llega la temporada alta, cuando realmente importa, descubrimos que el camello no puede caminar porque nadie lo cuidó.

Me encanta que Manuela haya incluido al camello. Porque sabe que es importante, aunque no sea lo más bonito del dibujo.

Mi deseo para 2026

Que todos recuperemos un poco de esa capacidad de Manuela para crear sin miedo, para ilusionarnos con lo que hacemos, para no perder la frescura. Que recordemos por qué empezamos en esto.

Que nuestros equipos trabajen como esos tres Reyes Magos: cada uno con su rol, pero todos con el mismo norte. Que hablemos más, que nos escuchemos mejor, que dejemos los egos en la puerta.

Que cuidemos «el camello», esas cosas básicas que no son sexy pero que sin ellas nada funciona. Que no nos olvidemos de los fundamentos mientras perseguimos lo brillante.

Y sobre todo, que seamos capaces de transmitir algo real a quien nos visita, a quien confía en nosotros. Que nuestros clientes sientan que hay personas detrás, que hay historia, que hay corazón. No solo tarifas y disponibilidad.

Gracias, Manuela

Esta postal estará en mi escritorio todo el año. No como decoración, sino como recordatorio.

Recordatorio de que a veces las mejores lecciones vienen de donde menos las esperas. De que el éxito no siempre es técnica perfecta, sino autenticidad. De que lo simple, bien hecho y con corazón, siempre gana.

Gracias por enseñarme, una vez más, que lo importante no es complicar las cosas, sino conectar con las personas. Gracias por recordarme que la ilusión, esa que tú pones en cada dibujo, es lo que debería mover cualquier proyecto profesional.

Y gracias por hacerme sentir «el padre más orgulloso del mundo.»

El claustro del CEIP Gloria Fuertes de Guadiaro nos desea a todos una Feliz Navidad y un próspero año nuevo 2026.

Yo me uno al deseo. Y añado algo más: que el próximo año todos tengamos el valor de crear como lo hace Manuela. Con el corazón. Sin miedo. Con ilusión.

Porque al final, de eso se trata todo.

Feliz Navidad.

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